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nº 3 / marzo 2010 / año II
los idus del vigilante.es
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EL RINCÓN DE
LAS LETRAS
Por Claudia
Dato |
Miguel Delibes
(Valladolid, 1920 - 2010) ocupa un lugar sobresaliente entre los
escritores españoles del siglo XX. Además de periodista y
articulista, es sobre todo un narrador con una obra publicada
amplísima, reconocida con los principales premios literarios del
ámbito de la lengua castellana. Títulos como El camino, Las
ratas, Diario de un cazador, Parábola del náufrago, Cinco horas
con Mario o Los santos inocentes se han convertido en clásicos
de la literatura española.
La precisión
de su prosa y el amplio abanico de los temas de su escritura
-Castilla y sus gentes, la caza y la pesca, el mundo de la
infancia y la visión de la muerte, la atención a los seres
desvalidos- lo convierten en uno de los maestros indiscutibles
de la lengua castellana.
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La sombra del ciprés es alargada
Primera novela de Miguel Delibes, publicada
en 1948 y galardonada con el Premio Nadal en el
año anterior.
Se filmó una película basada en el libro durante
el año 1990.
La
novela es una narración tradicional en cuanto a andadura
y recursos expresivos, que se desarrolla en una Ávila no
"protegida" por sus murallas, sino "encerrada" por
ellas.
La primera parte describe la vida del protagonista y
narrador, Pedro, cuando es niño. Es huérfano y su tío lo
deja a cargo de un maestro con una visión pesimista de
la vida, reforzada por la muerte del mejor amigo de
Pedro.
En la segunda parte, el protagonista se ha convertido en
marino e intenta escapar del pesimismo. Se enamora de
una mujer, pero también a ella la pierde debido a un
accidente. Finalmente, encuentra consuelo volviendo a
Ávila.
Con la entera novela narrada en tono objetivo, el autor
nos va destapando una escena mística, dominada
mayormente por el pesimismo y el sentido de muerte. Sin
embargo, en la segunda parte del libro, antes de que el
protagonista hubiera perdido toda esperanza en la
amistad y el amor, se encontró dando un paseo al lado de
una señora vieja y durante su conversación se iba
enterando de la verdadera significación de la vida
humana y del amor y finalmente tomó una perspectiva
optimista hacía la humanidad. Con el accidente que le
quitó su amante, el tono de la novela retornó
inevitablemente a la del anterior. Volviendo a Ávila,
fue a visitar la tumba de su mejor amigo de pequeño,
Alfredo, que una vez compartía la misma habitación que
Pedro. Allí en el cementerio, se halla una vez más bajo
la sombra alargada del ciprés que rodea la tumba.
Narrada con sencillez y emoción, esta novela anuncia
ya los temas fundamentales de la obra de Delibes: la
recuperación de la infancia, la temprana presencia
de la muerte, el pesimismo como tentación contra la
fe y la vida, la indagación en el sentido del dolor,
el papel crucial del amor en las relaciones
interpersonales.
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Fragmento -
LA SOMBRA DEL CIPRÉS ES ALARGADA
Don Mateo
dirigía en su casa una academia sobre estudios de segunda
enseñanza. Tenia otro profesor, además de él, que daba las
clases de letras. Distribuidos en tres habitaciones, los escasos
alumnos que a ella pertenecíamos teníamos ocupada la mañana
desde las nueve, en que nos levantábamos. Recuerdo que los
alumnos que preparábamos el ingreso, con ser sólo tres,
constituíamos la clase más numerosa. Además, no sé si por
aquello de que al comenzar una obra se pone siempre en ella
mayor empeño, don Mateo y el otro profesor ponían un especial
cuidado en nuestra formación. Con los dictados, análisis
gramaticales y las cuentas de dividir por decimales pasábamos la
mayor parte de la mañana, ocupando la tarde en realizar los
trabajos y resolver los problemas que quedaban pendientes en la
primera mitad del día.
Abstraído en esta clase de vida transcurrieron los
primeros meses. Después de vencer las dificultades y
monotonía de las semanas iniciales, aquello fue
haciéndose incluso agradable. Encontraba en ello una
fuente abundante de distracción, a pesar de que en los
días que me levantaba del lado izquierdo se me hacía mi
tarea demasiado cuesta arriba.
Cuando hacia las dos marchaban a sus casas
todos mis compañeros, yo me refugiaba en la habitación práctica
y áspera que me designaran el primer día. Doña Gregoria me había
encendido ya el brasero cotidiano, y allí, arrimado a la pequeña
camillita, iniciaba mis trabajos hasta que me avisaban para
comer.
Las comidas eran siempre las mismas. Me
refiero al clima, no al contenido, aunque éste, realmente,
tampoco fuese muy variado. Doña Gregoria se sentaba frente a mí,
erguida como una espingarda y con su busto seco, únicamente
abombado por la disposición de las costillas.
A mi izquierda se sentaba la pequeña Martina,
siempre con dos roderas encima de su labio superior que nacían
en los agujeritos de su nariz y concluían en la boca. (Me
recordaban por su disposición y suciedad las huellas que deja en
la nieve un carromato con el eje de sus ruedas torcido.) De
espaldas a la ventana y a su derecha, frente por frente con el
trinchero, que exhibía sus estantes cargados de porcelana
barata, ocupaba su asiento el cabeza de familia y academia: don
Mateo Lesmes. Su pequeña humanidad, lenta de costumbre para
todo, se movía inquieta, apresurada, a las horas de las comidas.
Y no es que comiese con glotonería. Al contrario. Su comida era
siempre frugal y el vértigo que ponía en devorarla parecía
provenir de una idea innata en él de que no valía la pena perder
el tiempo para cosa de tan leve importancia como era el comer.
Mientras duraba el refrigerio se hablaba
poco. Bueno, creo que en aquella casa se hablaba poco durante
todo el día, y no digo la noche porque la fría esposa del
maestro y su tierno vástago soñaban alto. En las primeras noches
sus gritos nocturnos me estremecieron. Dormía la familia en un
cuarto vecino al mío y los ruidos de uno y otro se comunicaban a
la habitación contigua y con tan sincero detalle, que sería
necesario, yo supongo, para explicarlo de una manera fehaciente
y clara, la exposición de una elevada teoría física.
La noche de mi ingreso en aquella casa me
asaltaron horribles pesadillas. A eso de las tres me despertó un
grito sobrecogedor. Escuché y percibí que partía de la
habitación de al lado. Era Martina, la niña de don Mateo. Entre
otras palabras ininteligibles me pareció que pronunciaba con una
insistencia molesta el «nene, nene», que alcanzara su cien
representación durante la cena.
Tardé mucho en dormirme después de este
descubrimiento. Tanto que pude darme cuenta de que la
charlatanería de la pequeña era lo que se puede apellidar un
«mal de herencia», congénito. A poco de los gritos de la niña
comenzó a hablar doña Gregoria. Lo suyo no eran palabras o voces
entrecortadas. Eran parrafadas largas, interminables, como si
estuviese pronunciando un discurso a media voz. Advertí que sus
preferencias estaban por la cocina, cosa que más tarde no me
extrañó, porque en ella transcurría, sin exageraciones, toda su
vida. Al principio, tan sentadas eran sus palabras, creí que
hablaba con mi maestro. Rechacé esta idea al no escuchar la
contestación de éste y oír, por el contrario, que el largo
discurso de su esposa se prolongaba sin airarse, lo que no
hubiera ocurrido de estar en sus cabales y no hallar
contestación. Imaginé, en medio de mi insomnio, que yo no podría
dormir en una casa animada por tales expansiones nocturnas, pero
poco tardé en convencerme de que aquellos monótonos parlamentos
de madre e hija servían para arrullar, más que para otra cosa,
cuando se tenían los nervios bien sentados.
Como detalle curioso observé en mis
silenciosas comidas el feliz instinto de conservación que
animaba a la perrita Fany. Mientras consumíamos el primer plato,
generalmente a base de purés o sopas, jamás rondaba nuestra
mesa. Comprendía el animal que estos alimentos líquidos no eran
para dárselos en mano y renunciaba a sus escarceos mendicantes
empapada de la imposibilidad. Pero cuando el alimento sólido, de
carne o pescado, llegaba a la mesa, Fany arribaba con él y nos
plantaba sus dos patas delanteras en el regazo, ora a uno, ora
al otro. El primer día no me atreví a darle nada. Dudé entre si
atender a sus súplicas o demostrar mi urbanidad no
cogiendo los recortes de carne con la mano. La perra insistió en
sus pretensiones golpeando mi brazo con una de sus pezuñas, pero
a pesar de que el resto de los comensales la hicieron blanco de
constantes obsequios, yo no osé romper el fuego con una
confianza que estimé excesiva. Pero mi rasgo de delicadeza no
fue juzgado por doña Gregoria como se merecía. Seguramente me
tomó por un glotón cuando me dijo:
-Pero ¿no tienes nada que dar a Fany?
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JOSÉ FRANCISCO
ETCHEVERRY TORT 1945 -
1978
Tabaré Etcheverry
José Francisco Etcheverry Tort
más conocido como Tabaré Etcheverry (28 de octubre de
1945, Melo - 21 de abril de 1978, Montevideo) fue un cantante y
compositor uruguayo en el género de la proyección folclórica de
la región y en especial de su país. En parte por su prematura
desaparición que no le posibilitó estar presente en el período
de auge del llamado Canto Popular Uruguayo en la década de 1980,
en parte por las políticas de radiodifusión de su país y en
parte por otras razones, no ha tenido un reconocimiento acorde a
su trayectoria y producción musical. No obstante, ha quedado
inscrito en la memoria popular y posee un importante número de
adeptos en el Río de la Plata.
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Significado de las palabras
locales
CUZCO = Perro pequeño
CARACÚ= Tuétano de los animales
RETOBAO = Enojado, airado, enconado.
CHICHARRONES = Residuo del sebo de la manteca de otros
animales.
ZONSERAS = Dicho, hecho u objeto de poco o ningún valor.
MATRERO = Fugitivo que buscaba el campo para escapar de
la justicia.
PICANA = Instrumento de tortura con el que se aplican
descargas eléctricas en cualquier parte del cuerpo de la
víctima.
FULERA = Chapucero, inaceptable, poco útil.
LAMBER = hacer o decir lo que se cree que puede
agradar).
GUAMPA = Cuerno.
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La poesía
de un canta-autor uruguayo |
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Cantor cuando cantes fuerte
antes tenés que pensar
si el ideal que predicas
lo podrás asimilar.
Hay muchos que gritan fuerte,
pocos piensan al cantar.
Hay que cantar a conciencia
con fundamento y razón
que en toda jauría de caza
no falta el cuzco rabón,
Ladra y ladra, más no muerde
presentada la ocasión.
Hay cantores que protestan con un
fervor sin igual,
falta saber si lo sienten
o lo cantan nada más.
Mucho más dice el ejemplo
y hay que saberlo aplicar.
A veces me quedo horas
escuchando algún cantor
de esos que vibran cantando
porque sienten el dolor
que causa el canto sincero
salido del corazón,
trozos del alma con notas
unidas por la emoción.
Siento pena por aquel
que canta por un reflejo,
es como el sauce llorón
que se mira en el espejo
del río que corre lento
viendo el sauce como llora,
serán sus notas sonoras
muy lindas pero sin alma.
Muy poco vivirá el sauce
si lo alejaran del agua.
Para mi el cantor debe ser
la mezcla de hombre y la idea,
La maleta se ladea
si de un lado no hay que poner,
y es una ciencia aprender
a equilibrar bien la carga
porque la vida es amarga
llevando de un lado lo ajeno.
Nunca veré peor veneno
que el que por su boca salga
Cuando se largue a cantar
hágalo con fundamento,
grite, si es que está sufriendo
no cante por alardear
He visto cuzcos ladrar
y atropellar contra el viento.
El canto sin sentimiento
no sirve de atropellada,
la verdad queda trancada
y se ve que está mintiendo.
Me imagino que habrá visto
Bichera en los animales,
ese es el pior de los males
si pa' curarlo no es listo,
el gusano no es de instinto
tiene misión destructora,
ataca en lugar y hora
que naide se lo imagina.
Cuantas cosas se terminan
si él entra en la pensadora.
Quien ha visto al caracú
siempre metido en el hueso,
usted tendrá que ser eso,
razón de pueblo que espera.
Al que le duele la muela
no se arrancará el colmillo,
la yegua cela al potrillo
y este crece retobao.
Nunca cantando amargao
se ha defendido un principio. |
Por más que pasen los años
no olvide como empezó,
de aquel que lo aconsejó,
que le supo dar la mano,
de ese que es amigo ¡hermano!
cuando flojo se sintió
y acorralado lo vio,
él se llegó hasta su rancho
y le abrió un camino ancho
por el cual usted escapó.
Si nota que su cantar
sirve de ayuda al caído,
no se lo niegue mi amigo
y póngasele a la par,
y sentirá palpitar
en lo profundo de su pecho
la alegría de haber hecho
algo que nunca se cobra.
Para el cantor ya da de sobra
dejando a alguien satisfecho.
Amigos tendrá a montones
por intereses creados,
échelos siempre a un costado
buscando buenas razones.
Igual que a los chicharrones,
escurra muy bien la grasa
y si un pedazo se pasa,
sáquelo en la espumadera.
La amistad es cosa sincera
si de aceptarla se trata.
Y si de amigos se trata,
no se fije en el color.
En la piel no está el calor
que en la amistad se desata,
el hombre no se destaca
por su dinero o presencia,
más vale limpia conciencia
que un traje recién comprado.
Más vale viejo y gastado
si adentro va la decencia.
Acaso usted nunca ha visto
al cuervo recién nacido,
blanco pichón que en su nido
indefenso se mostró,
pero luego que creció
negro plumaje lo cubre
y hasta lo más alto sube
con arrogancia mezquina.
Infeliz de la gallina
Que el asesino descubre.
No soporte ni se aguante
si escucha cantar zonseras,
ataque a la madriguera,
no espere ponerse guantes,
no se ponga muy galante
Más bien sea sentador.
No se haga notar, mejor
porque alardear no es honesto
mas ponga de manifiesto
quien es que tiene razón.
Aquel cantor que atesora
el ideal de igualdad
y lucha por la libertad
en cualquier lugar y hora,
sentirá que el flojo implora
ocultando su opinión,
y escondido en el montón
comentará por debajo
¡que pena que sea uruguayo
y pida revolución!.
Rebelde soy, si señor,
consciente en mi rebeldía
y estoy esperando el día
que se transforme el cantor.
El peón, el agricultor,
el cañero y el matrero,
y juntos buscar lo nuestro
por derecho y por sudor
y hacer un mundo mejor
Estudiantes y maestros. |
Al alcohol no lo utilice
para decir sus verdades.
Nunca diga necedades,
estudie bien lo que dice.
La discusión no la inicie
mas bien prefiera cuerpearla;
si está en ella y va a dejarla
que sea en forma decorosa,
y si es fulera la cosa,
aguante hasta terminarla.
Un cantor para saber
de la vida y de las cosas,
ha de leer muchas hojas
en el diario recorrer.
Pero el querer aprender
requiere tiempo y paciencia.
El sazonar la conciencia
no es moco de pavo, mi amigo,
la que le cortó el ombligo
ya le daba independencia.
No empuje a nadie a la lucha
si con él no va a luchar.
Es fácil aconsejar
y que el otro sea el que sufra.
Su elocuencia será mucha
y que triste cobardía
es augurarles el día
de liberación cercana
si él aguanta la picana,
cosa que usted no podría.
Cantor que cante salao
siempre ha de ser perseguido,
su mensaje combatido
en este y en aquel lao,
más no se olvide cuñao
de apretar fuerte los dientes
no se fije en el presente
deduzca lo que vendrá
y la razón brotará
del fervor de nuestra gente.
Si algunos ven bien mi canto
con buena intención que me hable
va a ver que mi pecho se abre
para entender sus razones,
su ofensa no la pregone
más que bien esa galleta
porque el hombre qu'es trompeta
es mas pior que la babosa
y es muy fulera la cosa
reculándole en chancletas.
Y no le pido disculpas
por el tiempo que canté.
Nunca me arrodillaré
porque soy de pocas pulgas.
Si me equivoco, es mi culpa
a naides pedí opinión,
porque no soy cuzco rabón
p'atropellar contra el viento,
yo canto porque lo siento,
por algo nací cantor
Alguno estará pensando
que hablo solo por hablar,
ese.. ese no me entenderá,
si no me está analizando,
o será del otro bando
pues nunca a usado alpargatas,
pensará, ¡que lengua’e lata!
Ya me tenés aburrido,..
pobre mozo, su lengua es un salpullido
de tanto lamber las patas.
Con esos nunca se ablande.
Déle fuerte compañero
no son hombres, son carneros!!
Ni corre en sus venas sangre
Están pa'l que pague y mande
aunque sea matar su hermano.
Son los que niegan la mano
al caído que precisa
de guampa siempre aterrizan
y los comen los gusanos. |
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